Bandas con kalashnikov a New Orleans
(La Vanguardia, September 04, 2005)Siete mil agentes de la Guardia Nacional a las órdenes del general Steven Blum entran en Nueva Orleans con camiones, barcos y helicópteros poco después del amanecer con la misión de volver a establecer la legalidad a toda costa. Tienen la autorización de la gobernadora de Louisiana, Kathleen Blanco, de "disparar a matar" para impedir a las bandas armadas estorbar las operaciones de socorro de las decenas de miles de personas víctimas del huracán Katrina.
En una ciudad transformada en un infinito pantano e infestada de libélulas que han tomado posesión del aire, las columnas de camiones grises y verdes entran desde el oeste, por la Airline Drive, pasando al lado de las ruinas provocadas por el Katrina y tranformando el campo de entrenamiento del equipo de fútbol americano del Saint en una base operativa avanzada. A corta distancia, el estadio Zephers y las pistas del aeropuerto internacional Louis Armstrong sirven para el despegue de los helicópteros ligeros - parecidos a los que se utilizaban en la guerra de Vietnam-, que tiene la misión de volar a baja altura sobre los barrios inundados, que empiezan al lado oriental del cruce entre la Ailine Drive y Causeway Boulevard, y hallar a eventuales francotiradores o pillar saqueadores en el acto.
Los pilotos, sin embargo, tienen que ser prudentes, porque el jefe de policía Eddie Compass advirtió el general Blum que las bandas armadas poseen kalashnikov y esto significa que los pilotos tienen que tener cuidado, porque los proyectiles del AK-47 pueden perforar sus protecciones metálicas.
De otras pistas situadas en el lado norte de la ciudad, incluidas las del aeropuerto de Baton Rouge, despegan los más robustos Chinook para el transporte de las tropas. Son estos aparatos los que tienen que depositar a los grupos de soldados selectos en las zonas secas plagadas de criminales y saqueadores. También tienen que transportar agua y comida a miles de civiles atrapados.
Pero llevar ayuda no siempre es fácil. Cuando, hacia el mediodía, un Chinook intenta aterrizar cerca del Superdome para descargar cajas de comida, son miles las personas que, con los brazos levantados al cielo, se asoman frenéticamente al lugar, y el piloto, temiendo que empeore la situación, vuelve a despegar, sube cinco metros y lanza las cajas desde arriba antes de alejarse a toda máquina, como suele hacerse en las intervenciones humanitarias en los países del Tercer Mundo.
Cuando identifican a un hombre armado, los helicópteros ligeros disparan tiros secos, que cortan el aire, mientras lo que sacude la ciudad cristiana - como a los residentes les encanta llamar a Nueva Orleans- es la fuerte explosión en un centro comercial junto al Mississippi, a once manzanas del Superdome.
En el aire se percibe un olor agrio acompañado por un humo gris. Hay quien dice que es como consecuencia de unas instalaciones químicas, pero nadie lo confirma ni está claro qué es lo que las hizo estallar. Mientras tanto, una segunda explosión, casi en la mitad de la vía comercial Canal Street, provoca un incendio que los militares atribuyen a las bandas violentas.
En las áreas secas los criminales viajan en camionetas pick-up sin matrícula, parecidas a las técnicas que los milicianos somalíes utilizaban en Mogadiscio al principio de los años noventa. Detrás, grupos de personas armadas ríen y enseñan pistolas y fusiles dando a entender que ellos son los dueños de la ciudad. Mientras, unos ochenta agentes Compass, que en la madrugada del viernes, intentaban atrapar a una banda de criminalesa, tuvieron que dar marcha atrás ante los potentes pick-up,armados e imprevisibles.
El general Blum asegura que sus hombres harán lo que hay que hacer hasta el final.
"La mitad de ellos acaba de volver de las misiones en Iraq y en Afganistán, son eficientes con las armas letales y haremos lo que sea necesario, bien y rápido". Con los civiles, en cambio, los tonos son conciliadores para evitar que la violencia los contagie: "Está a punto de llegar la caballería, estamos aquí sólo para aliviar las consecuencias del Katrina",dice el general poco después de la llegada de sus hombres camuflados al Superdome, donde la tarea más urgente es la de garantizar la seguridad de las 30.000 personas que allí encontraron refugio.
La gobernadora Blanco es explícita a la hora de entregar a las emisoras de radio una advertencia para las bandas armadas que suena a petición de rendición: "Se trata de soldados que saben hacer su trabajo, están armados con M-16 listos para usar y tienen la orden de disparar a matar".
Además de las ametralladoras y helicópteros, el general Blum cuenta en los barcos para reconquistar la ciudad. Pequeños y rojos bajan desde el norte y se dirigen al sur, a lo largo del Mississippi, intentando capturar a los criminales que se mueven en pequeñas barquitas de madera con la finalidad de saquear las casas abandonadas, rapiñar o violentar a quienes allí permanecen.
La ventaja de los barcos es que son pequeños y con motor. Pero combatir una guerrilla urbana en el agua es una operación que no tiene precedentes ni entre los miembros de la Guardia Nacional que estuvieron en Iraq. Lo que esta realidad tiene en común con la experiencia iraquí son los visores nocturnos de los francotiradores policiales. Y es ésta precisamente el arma con la que cuenta el Pentágono para controlar de nuevo la ciudad. Si este plan de control tardara más de lo previsto, Mike Brown, jefe de Protección Civil estadounidense, ya ha afirmado que hay posibilidades de movilizar hasta 30.000 agentes de la Guardia Nacional.
El escenario es verosímil, porque la policía local está desbordada. Un agente de Nueva Orleans, tras 60 horas de trabajo ininterrumpidas, pidió una sustitución y renunció a ella cuando se dio cuenta de que sus colegas morían en las operaciones de socorro en Baton Rouge. Una turista de Michigan, Debbie Durso, cuenta que cuando pidió ayuda a un agente éste le respondió: "Vete al diablo. Aquí cada uno sólo piensa en él". La desesperación de los civiles está por encima del nivel de lo soportable y la llegada de los militares era esperada con ansiedad.